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¿IA o SI? La superinteligencia según Trump: qué cambia (y qué no) en España

Trump ha ordenado que el gobierno federal de EE. UU. diga «Super Intelligence» en vez de IA. Qué dice la orden, por qué es polémica, la fiebre del dominio .si y por qué tu empresa en España no tiene que cambiar nada.

Collage de papel crema, carbón y esmeralda: a la izquierda, una tira carbón rasgada con líneas grises; a la derecha, una ficha de papel crema con una etiqueta oscura antigua tapada por una etiqueta esmeralda nueva pegada en diagonal, y una pequeña pestaña esmeralda rasgada que cuelga de su esquina. Fondo con trama de puntos y bordes rasgados.
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Donald Trump firmó el 29 de septiembre una orden ejecutiva para que el gobierno federal de Estados Unidos diga «Super Intelligence» (SI), superinteligencia, donde hasta ahora decía «Artificial Intelligence» (AI). Si tienes una empresa en España, no cambia nada: la orden solo obliga a las agencias federales estadounidenses, la ley europea sigue hablando de inteligencia artificial y no tienes que tocar tu web, tus contratos ni tus textos.

Aquí contamos qué dice exactamente la orden, por qué ha levantado tanta polémica, qué queda por decidir y por qué de repente miles de personas están comprando dominios .si.

Diagrama de LetBrand a partir del Federal Register, Register.si y la BBC.

Qué dice la orden de la superinteligencia

Es la Executive Order 14434, «Inaugurating the Era of Super Intelligence», publicada en el Federal Register el 2 de octubre. Pide a los departamentos y agencias del poder ejecutivo que usen «Super Intelligence» y «SI» en lugar de «Artificial Intelligence» y «AI» en correspondencia oficial, comunicaciones públicas, webs, informes y documentos de política, «en la medida en que lo permita la ley».

La propia orden marca sus límites. No obliga a cambiar regulaciones, contratos, subvenciones ni documentos ya publicados. Tampoco cambia lo que se entiende por IA: «SI» significa exactamente lo mismo que la definición legal de inteligencia artificial que ya existe en la ley estadounidense (15 U.S.C. 9401(3)).

Lo que deja abierto es la definición. En un plazo de 60 días, es decir, hacia el 28 de noviembre, el asesor científico de la Casa Blanca tiene que proponer al presidente un texto legislativo con una definición federal nueva de «Super Intelligence». Para que esa definición sea ley tendría que aprobarla el Congreso.

El nombre oficial es «Super Intelligence». En las encuestas que Trump publicó en redes salían otras opciones, como «superior intelligence» o «supreme intelligence», según Poynter, pero la orden usa solo «Super Intelligence».

La Casa Blanca lo anunció así en X. David Sacks, responsable de IA y cripto de la administración, lo celebró, y Elon Musk ya usa el nombre nuevo:

Por qué es polémica

Llega con poca confianza del público en este tema: una encuesta de Quinnipiac publicada el mismo 29 de septiembre daba un 25 % de aprobación a su gestión de la IA y un 58 % de rechazo, según CNBC. El senador demócrata Mark Warner lo resumió así: «changing what we call artificial intelligence does nothing to address the very real risks that come with increasingly powerful AI systems» (cambiar cómo llamamos a la inteligencia artificial no resuelve ninguno de los riesgos reales de unos sistemas cada vez más potentes).

La otra crítica es de vocabulario. En el sector, «superinteligencia» ya tenía un significado: una IA más capaz que las personas en casi todo, algo que hoy no existe. El término viene de Nick Bostrom, que lo usó en 1998. Poynter recoge el aviso de la profesora Baobao Zhang, de la Universidad de Syracuse: si las definiciones se confunden, regular esta tecnología se complica. En X, dos voces conocidas del sector se mostraron críticas, el investigador Gary Marcus y el programador Simon Willison:

Circulan más cosas, como una supuesta «Super Intelligence Force» o un vínculo con Melania Trump, que nació en Eslovenia. Son rumores sin confirmar y no cambian lo que dice la orden.

Qué cambia en España y en Europa

Nada. El Reglamento europeo de inteligencia artificial sigue diciendo «inteligencia artificial», y las obligaciones de tu empresa dependen de ese texto, no de cómo se exprese la Casa Blanca. Lo que sí conviene vigilar son cosas más concretas, como los agentes de IA que visitan tu web. Tampoco hay motivo para cambiar «IA» por «SI» en tu web: tus clientes buscan y entienden «IA», y en español, «SI» se lee como «sí».

Si trabajas con la administración federal de Estados Unidos, verás «SI» en sus documentos y webs. Tus contratos firmados no cambian, porque la orden los excluye.

Diagrama de LetBrand a partir de la orden ejecutiva 14434.

La fiebre del dominio .si

.si es el dominio de Eslovenia, y las mismas dos letras ahora significan otra cosa en Washington. El registro esloveno, Register.si, contó 46.066 altas en septiembre y un récord diario de 21.756 el 5 de octubre. Su portavoz, Klara Herman, dijo a la BBC que en agosto no llegaron a 2.000 y que solo el 30 de septiembre, el día después de la orden, hubo 11.000. Habló de una actividad «sin precedentes», aunque prefirió no atribuir todo el aumento a Trump. Cualquiera puede registrar un .si: desde 2008 están abiertos a personas de Eslovenia y del extranjero, y las condiciones generales no piden nacionalidad ni residencia.

Buena parte es especulación. The Next Web cuenta que más de la mitad de los .si comprados pronto en el registrador Dynadot ya están en reventa, y que en Hostinger solo un 3 % de los nombres tiene que ver con la IA. En Hostinger, un .si cuesta 11,99 dólares el primer año y 16,99 al renovar, frente a unos 90 de un .ai, que además exige contratar dos años.

Nosotros tenemos chatea.si, así que conocemos el dominio de cerca. Nuestra opinión: un .si puede tener sentido si el nombre encaja con tu marca, y en español pasa a menudo («chatea, sí»). Comprarlo porque la sigla esté de moda en Estados Unidos es una apuesta, y nada garantiza que el interés dure.

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